martes, 3 de abril de 2012

La ciudad de las bestias

"Nadia averiguó que entre la gente de la neblina era común tener varias esposas o varios maridos; nadie se quedaba solo. Si un hombre moría, sus hijos y esposas eran de inmediato adoptados por otro que pudiera protegerlos y proveer para ellos. Ese era el caso de Tahama, quien debía ser buen cazador, porque tenía la responsabilidad de varias mujeres y una docena de criaturas. A su vez una madre, cuyo esposo era un mal cazador, podía conseguir otros maridos para que la ayudaran a alimentar a sus hijos. Los padres solían prometer en matrimonio a las niñas cuando nacían, pero ninguna muchacha era obligada a casarse o a permanecer junto a un hombre contra su voluntad. El abuso contra mujeres y niños era tabú y quien lo violaba perdía a su familia y quedaba condenado a dormir solo, porque tampoco era aceptado en la choza de los solteros. El único castigo entre la gente de la neblina era el aislamiento: nada temían tanto como ser excluidos de la comunidad. Por lo demás, la idea de premio y castigo no existía entre ellos; los niños aprendían imitando a los adultos, porque si no lo hacían estaban destinados a perecer. Debían aprender a cazar, pescar, plantar y cosechar, respetar a la naturaleza y a los demás, ayudar, mantener su puesto en la aldea. Cada uno aprendía con su propio ritmo y de acuerdo a su capacidad."
Fragmento de la novela La ciudad de las bestias de Isabel Allende.

lunes, 16 de enero de 2012

Ladrillos eran los de antes

Quiero romper todo
tirar contra el suelo
y ver como vuelan sus pedazos,
y pegarle una patada
a todo.
Empezando por el teléfono,
instrumento abominable,
¿o ese sos vos?
Nunca odié tanto al teléfono.
Oreja caliente.
Odio la oreja caliente,
que implica el paso del tiempo.
Tiempo perdido, tiempo roto,
por mí, obviamente,
que quiero romper todo.
Todo es todo.
Incluyendo tus palabras de madera
o de ladrillo hueco.
Ladrillos eran los de antes.