viernes, 25 de noviembre de 2011

Hacia adelante

"... pero nada de lo que pensaba podía disolverse en palabras", fragmento de Hacia adelante, un cuento de Brian Aldiss

martes, 15 de noviembre de 2011

Maldito resfrio

Todavía no tuve el placer de conocer a nadie a quien un simple resfrío le pegue peor que a mí.

martes, 8 de noviembre de 2011

El arte de amar

Varios habrán leído este libro de Erich Fromm, yo por mi parte lo leí varias veces, sobre todo cuando necesité hacerlo. Algunos estarán en contra, para mí es una de mis biblias. Trato de practicar el amor todos los días (entiéndase como quieran, no me importa :P), a veces me desvío un poco, a veces mucho, pero siempre trato de volver.
Acá copio un fragmento que me gusta mucho y referido quizás a lo que mejor me sale en la vida cotidiana (entre las cosas que trata el libro). Aunque no me dieron mucha bola, me pasé mucho tiempo diciéndole a mis amigos que lo importante es prestar atención y todavía lo sigo creyendo aunque ya no lo predico.
"Además de esos ejercicios, hay que aprender a concentrarse en todo lo que uno hace, sea escuchar música, leer un libro, hablar con una persona, contemplar un paisaje. En ese momento, la actividad debe ser lo único que cuenta, aquello a lo que uno se entrega por completo. Si uno está concentrado, poco importa qué está haciendo; las cosas importantes, tanto como las insignificantes, toman una nueva dimensión de la realidad, porque están llenas de la propia atención. Aprender a concentrarse requiere evitar, en la medida de lo posible, las conversaciones triviales, esto es, la conversación que no es genuina. Si dos personas hablan acerca del crecimiento de un árbol que ambas conocen, del gusto del pan que acaban de comer juntas, o de una experiencia común en el trabajo, tal conversación puede ser pertinente, siempre y cuando experimenten lo que hablan y no se refieran a ese tema de una manera abstracta; por otro lado, una conversación puede referirse a cuestiones religiosas o políticas y ser, no obstante, trivial; ello ocurre cuando las dos personas hablan en clisés, cuando no sienten lo que dicen. Debo agregar aquí que, así como importa evitar la conversación trivial, importa también evitar las malas compañías. Por malas compañías no entiendo sólo la gente viciosa y destructiva, cuya órbita es venenosa y deprimente. Me refiero también a la compañía de zombies, de seres cuya alma está muerta, aunque su cuerpo siga vivo; a individuos cuyos pensamientos y conversación son triviales; que parlotean en lugar de hablar, y que afirman opiniones que son clisés en lugar de pensar. Pero no siempre es posible evitar tales compañías, ni tampoco es necesario. Si uno no reacciona en la forma esperada -es decir, con clisés y trivialidades- sino directa y humanamente, descubrirá con frecuencia que esa gente modifica su conducta, muchas veces con la ayuda de la sorpresa producida por el choque de lo inesperado."


martes, 1 de noviembre de 2011

Una realidad

Ayer leí un cuento de Rudyard Kipling titulado Una realidad. En el relato, tres periodistas se encuentran en un barco en el medio del océano y presencian un suceso extraordinario. Como primer impulso todos quieren escribir sobre lo sucedido y mandarlo inmediatamente a los periódicos, pero luego de un rato, el más experimentado de todos y otro de ellos se dan cuenta que a nadie le interesaría, y quizás nadie les creería. Al final terminan convenciendo al último que quedaba con esperanzas, de que no valía la pena. Entonces, el más experimentado dice que lo contará como un mentira, dando a interpretar que el mismo cuento que estamos leyendo, es el suceso que realmente aconteció. Me pregunto si estas cosas pasarán realmente, si gente que experimentó situaciones que nadie creería, las volcó en cuentos para darles la atención que merecían a pesar de que esto implique admitir que no fue verdad. Después de todo, por el tiempo que dura un cuento, y si este está bien escrito, uno siente que es realidad.