Varios habrán leído este libro de Erich Fromm, yo por mi parte lo leí varias veces, sobre todo cuando necesité hacerlo. Algunos estarán en contra, para mí es una de mis biblias. Trato de practicar el amor todos los días (entiéndase como quieran, no me importa :P), a veces me desvío un poco, a veces mucho, pero siempre trato de volver.
Acá copio un fragmento que me gusta mucho y referido quizás a lo que mejor me sale en la vida cotidiana (entre las cosas que trata el libro). Aunque no me dieron mucha bola, me pasé mucho tiempo diciéndole a mis amigos que lo importante es prestar atención y todavía lo sigo creyendo aunque ya no lo predico.
"Además de esos ejercicios, hay que aprender a concentrarse
en todo lo que uno hace, sea escuchar música, leer
un libro, hablar con una persona, contemplar un paisaje. En
ese momento, la actividad debe ser lo único que cuenta,
aquello a lo que uno se entrega por completo. Si uno está
concentrado, poco importa qué está haciendo;
las cosas importantes, tanto como las insignificantes, toman
una nueva dimensión de la realidad, porque están
llenas de la propia atención. Aprender a concentrarse
requiere evitar, en la medida de lo posible, las conversaciones
triviales, esto es, la conversación que no es genuina.
Si dos personas hablan acerca del crecimiento de un árbol
que ambas conocen, del gusto del pan que acaban de comer juntas,
o de una experiencia común en el trabajo, tal conversación
puede ser pertinente, siempre y cuando experimenten lo que
hablan y no se refieran a ese tema de una manera abstracta;
por otro lado, una conversación puede referirse a cuestiones
religiosas o políticas y ser, no obstante, trivial;
ello ocurre cuando las dos personas hablan en clisés,
cuando no sienten lo que dicen. Debo agregar aquí que,
así como importa evitar la conversación trivial,
importa también evitar las malas compañías.
Por malas compañías no entiendo sólo
la gente viciosa y destructiva, cuya órbita es venenosa
y deprimente. Me refiero también a la compañía
de zombies, de seres cuya alma está muerta, aunque
su cuerpo siga vivo; a individuos cuyos pensamientos y conversación
son triviales; que parlotean en lugar de hablar, y que afirman
opiniones que son clisés en lugar de pensar. Pero no
siempre es posible evitar tales compañías, ni
tampoco es necesario. Si uno no reacciona en la forma esperada
-es decir, con clisés y trivialidades- sino directa
y humanamente, descubrirá con frecuencia que esa gente
modifica su conducta, muchas veces con la ayuda de la sorpresa
producida por el choque de lo inesperado."
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