Hace unos días leí un cuento llamado Como un ladrón de Mario Benedetti, y entre varios fragmentos que me llamaron la atención rescato este:
"Seguro de mi vergonzosa inmortalidad e incómodo ante la perrogativa de no ignorarla, llegaba a pensar que el secreto tal vez residiera en algo así como un desprendimiento del cepo somático. Si era egoísta con mi cuerpo, si quería a mi cuerpo, me costaría desprenderme de él, y desde el momento en que mutuamente nos necesitáramos -mi cuerpo y yo- hasta sernos el uno al otro casi indispensables, no podría abandonarlo y acaso me destruyese en su destrucción. Pero si soportaba a mi cuerpo como se sufre a una costumbre, como se tolera un vicio menor, podría depositarlo en el pasado y acaso llegase también a olvidarlo"
Es interesante la idea, pero creo que prefiero ser egoísta con mi cuerpo y cuidarlo (salvo en alguna que otra panzada). Incluso siendo buscadora oficial de la inmortalidad, no sé si podría vivir tolerando un cuerpo, si ese fuese el precio, sin mencionar que soy buscadora de la inmortalidad de esta vida y no de otra, porque esta es la que me gusta.
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