Vi entrar un señor en un café
y supe quien era sin conocerlo.
Lo seguí hasta su lugar, su buen lugar.
Lugar de diamantes y corazones.
Cueva de gente enriquecida falsamente.
Lo vi sentarse y ganar y perder nada.
Era igual, igual a todos los demás,
pero yo lo conocía.
Lo conocía bien, era yo.
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